Acompañadas por tambores, miles de personas amontonadas en una carpa calurosa coreaban un nombre al ritmo de un popular canto de fútbol. "¡Angélica! ¡Angélica! ¡Ra! ¡Ra! ¡Ra!", gritaban mientras la beldad se dirigía al escenario entre una multitud contenida por barreras metálicas.
La gente vitoreaba a Angélica Rivera de Peña, una de las actrices de telenovela más populares de México, y a su esposo, el candidato presidencial Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional, ganador de las lecciones de este domingo.
El Gobierno y el mundo del espectáculo ya han cruzado sus caminos en el pasado en México, donde un senador tuvo un hijo con una estrella de la televisión, un ex presidente se casó con una popular actriz que participó en películas de lucha libre en la década de 1970, y el actual alcalde de la Ciudad de México se casó con una actriz de telenovelas, de la que después se divorció.
Lo que se dio por primera vez con Peña Nieto y su esposa, según analistas, fue un esfuerzo cuidadosamente planificado para que la celebridad sea un componente central de una campaña con pocas propuestas específicas, de un político que sobresale más que nada por ser buenmozo y carismático. La fórmula funcionó.